martes, 27 de mayo de 2008

G contra Europa: estes europeos son lelos, nós listos.


¿L'avenir démographique de la G?
Non amoles (o derradeiro que feche a lus).

sábado, 29 de marzo de 2008

No habrá Galicia para la próxima generación

No habrá Galicia para la próxima generación.

En 2005 cumple la treintena la generación del “baby boom”, la de los nacidos en 1975, que con la de los tres años siguientes fueron las únicas que rondaron los 44.000 ciudadanos nacidos en Galicia en toda su historia. Deberíamos estar entrando así en el período álgido del crecimiento demográfico gallego, el de la máxima procreación. Sin embargo, el panorama es radicalmente contrario: muchos adultos y pocos hijos. ¿Qué mundo estamos dejando a los pequeños que nacen hoy?

Fernando R. Ojea

No se puede decir que hoy en día la pirámide de población gallega tenga una forma saludable. La relación entre población activa en edad de trabajar y población pasiva o jubilada es lo suficientemente endeble como para no garantizar siquiera la continuidad de las actuales pensiones si en lugar de una caja única de la Seguridad Social en todo el Estado, hubiese una caja de la Seguridad Social exclusiva para Galicia. Los datos del Instituto Nacional de Estadística revelan que son 35.083 las personas que este año cumplen sesenta años (es decir, la generación de 1945) y 44.111 los que cumplen treinta (la generación de 1975). Esto trae consigo una relación de que por cada 10 “sesentañeros” en Galicia hay 12 “treintañeros”, siendo estos últimos los que representan simbólicamente el papel de quienes están en edad de procrear y dar lugar a la generación de 2005 (para entedernos, G-2005), nuestros niños de hoy.
Si no se producen sorpresas demográficas, las tendencias actuales apuntan que G-2005 estará formada por entre 20.000 y 21.000 niños en Galicia. Como se dice que una generación dura treinta años, imaginemos ahora el mundo en 2035, cuando G-2005 sea “treintañera” y G-1975 “sesentañera”. Y hagamos además la suposición teórica de que estas generaciones no tuvieran altas ni bajas (como dicen los economistas, “ceteris paribus”). Entonces, Galicia se habría quedado en que por cada 10 “sesentañeros” hay ahora 4 “treintañeros”. Este es el gravísimo desfase poblacional que la sociedad gallega, como la española y en mayor o menor grado la de toda Europa Occidental está incubando en este mismo momento. Y el caso gallego es de los más acentuados de Europa, con un índice de fecundidad de 0,96 frente a 1,22 de media española, 1,54 de Portugal y 1,89 de Francia.
Si en 2035 por cada 10 “sesentañeros” se ha pasado de 12 a 4 “treintañeros”, será pertinente imaginarse dos hipótesis extremas para esa fecha: 1. La sociedad gallega se ha quedado totalmente envejecida y debilitada. 2. La sociedad gallega mantiene el mismo índice de renovación intergeneracional que ahora porque junto a esos 4 “treintañeros” gallegos también forman parte de nuestra sociedad otros 8 “treintañeros” de origen inmigrante.
¿Cómo sería nuestro mundo?
· Escenario 1, basado sólo en la evolución demográfica endógena, que nos lleva a 4 “treintañeros” por cada 10 “sesentañeros”. Nos encontraríamos ante una grave desestructuración generacional que provoca la debilidad económica de nuestra sociedad. Para entonces el sistema público de pensiones, si no ha cambiado su modelo de financiación, es muy limitado, con prestaciones muy bajas, o incluso puede haber desaparecido. Y al languidecer la cobertura social del Estado, se acentúan las diferencias de renta entre clases sociales. Quienes han conseguido acumular un patrimonio quizá se permitan una existencia desahogada pero quienes no han ahorrado lo suficiente atraviesan dificultades económicas que el Estado del Bienestar malamente podrá atender.
Paralelamente la mano de obra tendría una edad media muy alta y sería poco adaptable a la innovación y el cambio tecnológico. En este escenario se trabaja hasta edades avanzadas, mientras el empleo joven está muy solicitado no sólo en Galicia sino fuera, pues el envejecimiento poblacional asola a buena parte de Europa, y muchos jóvenes cualificados emigran atraídos por las buenas retribuciones que se ofrecen en zonas con problemas demográficos parecidos pero con más alto nivel de desarrollo.
En esta sociedad envejecida hay muchas personas solas o dependientes y una gran demanda de servicios sociosanitarios que apenas se puede cubrir desde el sector público tanto por motivos presupuestarios como por escasez de profesionales. Tampoco se cubrirían fácilmente las necesidades de personal en el ámbito de la seguridad, como la policía o el ejército. El sistema educativo y el mercado de la vivienda se encuentran en franco retroceso al escasear los jóvenes.
· Escenario 2, donde el actual equilibrio entre generaciones se ha mantenido gracias a la llegada masiva de inmigrantes, de manera que seguimos teniendo 12 “treintañeros” por cada 10 “sesentañeros”. Sin embargo, como hemos visto, nuestro pulso demográfico sólo aporta 4 de los primeros, de manera que otros 8 hasta sumar esa docena proceden de la inmigración. Incluso puede que de esos 4 “autóctonos” una parte proceda de la inmigración asentada hoy en día, que ya se muestra más dinámica en natalidad. Estamos hablando de una Galicia de 2035 donde por cada “treintañero” de raíz gallega habría dos de raíz foránea, lo que deriva en innegables cambios sociales, incluso dando por supuesto que la incorporación de esos contingentes se hubiese producido sin conflictos de convivencia.
En este escenario el aspecto económico no sería el más problemático, si bien habrá dificultades para generar o captar en Galicia mano de obra cualificada joven, cuando otros territorios también con retroceso demográfico puedan resultar mucho más atractivos por niveles de renta, desarrollo y bienestar.
Pero las mayores complicaciones pueden encontrarse en áreas concretas más vinculadas al arraigo o a la cultura y los valores locales, como por una parte las fuerzas de seguridad y el ejército, donde a priori no parecería lógico que la mayor parte de los efectivos fuesen inmigrantes de primera generación. En el caso de la educación, habría que pensar no tanto en los inmigrantes como alumnos, que los habrá en cantidad, sino también como profesores, por la falta de profesionales autóctonos.
Y qué decir de la lengua gallega. A no ser que se produjera un giro copernicano y la mayoría de la población no sólo la aceptase sino que promoviera su uso en ámbitos ahora infrecuentes, como el de los inmigrantes, habría que suponer que de esos 12 “treintañeros” de 2035 sólo uno o dos hablarían gallego, pues otros dos de los autóctonos serían castellanohablantes (en correspondencia con el momento presente) y luego estarían los ocho inmigrantes que es de suponer también utilizarían preferentemente el castellano. Estamos hablando, en la práctica, de la cuasi desaparición del gallego como lengua de comunicación.
Yendo un poco más lejos, habría qué preguntarse por la capacidad del pueblo gallego para, en este escenario, mantener sus propias tradiciones y sus pautas de consumo en productos culturales (material escrito y audiovisual), toda vez que la identidad gallega será cada vez menos rentable al ser demandada por menos personas y estar más diluida entre la población.
Entre la radicalidad de los dos escenarios anteriores cabe un
· Escenario intermedio: en los treinta años hay tantos inmigrantes como autóctonos. Estamos, por tanto, ante una Galicia donde por cada 10 “sesentañeros” hay 8 “treintañeros” (los 4 que genera nuestro impulso demográfico y otros 4 en que estimamos la llegada de inmigrantes). La población sigue estando envejecida y la presencia de personas procedentes del exterior continúa siendo también muy elevada, una relación 1 a 1 en el tramo de los treinta años de edad. En este caso es probable que entre los jóvenes de aquí tendiesen a emigrar a otros territorios los profesionales más cualificados y se mantuviese la inmigración de trabajadores menos cualificados, con la pérdida de competitividad que conlleva. En cierto modo se puede presuponer que en este escenario Galicia combinaría todos los problemas expuestos en los escenarios 1 y 2, pero no se reflejarían de una forma tan intensa.
Cualquiera que sea el escenario, estas reflexiones permiten ver con claridad que el horizonte de la próxima generación es el de una sociedad muy distinta de la nuestra, con dificultades para mantener el estatus económico actual ante la presión de las economías emergentes y las exigencias del propio gasto social, y una sociedad también más vulnerable en lo que concierne a la continuidad de su cultura y tradiciones, por la mayor influencia de las tendencias foráneas. Una sociedad, en todo caso, donde la reducida presencia de ciudadanos oriundos será tan pequeña, ya sea en números absolutos (escenario 1) o relativos (escenario 2) que cabe cuestionar nuestra existencia como pueblo o nacionalidad. Galicia seguirá en el mapa, desde luego, pero como territorio fisico y no como identidad colectiva.

Un problema que no está entre las prioridades

Es bastante dudoso que hoy tengamos conciencia de nuestra situación. La debilidad extrema de los índices de fecundidad gallegos suele vincularse, desde el discurso clásico, al nivel de desarrollo económico, sin más, y según esta línea de pensamiento su solución pasaría por la implantación de nuevas infraestructuras de transporte y ocio que terminan por ser convertidas en panacea universal. Nada que ver, según esta tesis, con nuestros valores imperantes, con nuestro modo de vida. Y la incertidumbre futura que trae la baja natalidad de hoy se despacha con la indiferencia del que lo confía todo a la llegada de unos inmigrantes cuya proporción respecto a los “autóctonos”, su origen o su cualificación no se toma siquiera en consideración, ya que cualquier matiz o duda al respecto corre serio riesgo de ser tachado de xenófobo en este tiempo de la palabra políticamente correcta.
Lo cierto es que para muchos jóvenes de hoy, incluso de clase alta, el valor de la libertad individual está por encima de los factores económicos a la hora de decidir sus proyectos de vida en lo que concierne a tener o no hijos. Y más si el entorno, léase el mundo del trabajo, tampoco ayuda. Sin embargo, no se percibe una preocupación verdadera en los partidos políticos y las clases dirigentes, que últimamente han centrado su actuación en otros problemas de relación y convivencia sin duda importantes (paridad hombre-mujer, parejas homosexuales, etc.) pero no han situado entre las prioridades el declive de la natalidad. Y si así lo ven los líderes sociales, así le llega el mensaje a la opinión pública. Es más, cualquier advertencia en torno a este tema tiende a ser encasillada en la órbita eclesiástica.
Sin embargo, los 44.111 gallegos G-1975, y también a las demás generaciones, no pueden ignorar que las decisiones que tomen respecto a sus proyectos vitales, concretamente el tener o no hijos, no sólo repercuten en su espacio personal sino también en su propio futuro a largo plazo, si es que tienen cierta conciencia colectiva o del bien común.
La sociedad necesita un fuerte estímulo para que nazcan más niños, que son el verdadero futuro. Sin ellos no tendrán sentido trenes, aeropuertos o estatutos de autonomía. El problema en realidad no es político o económico sino que toca el ámbito privado del individuo, de manera que exige un gran respeto por todas las opciones personales y en ningún caso debería ser bandera exclusiva de un partido político, una ideología o un grupo social. Pero es un problema abordable en algunos de sus puntos débiles, como sería hacer más compatibles la paternidad/maternidad con las exigencias del mundo del trabajo o con nuestras crecientes expectativas de calidad de vida. Si aquí se ha cambiado la actitud ante el tabaco o la seguridad vial, ¿por qué no ante la natalidad?
Debemos reflexionar cómo queremos que sea el futuro de la siguiente generación, el mundo de los niños que nacen hoy.

Exportar know-how de non-nacementos de G a China

* Notas sobre a planificación familiar chinesa : (Xulio Ríos)

A actual política de planificación familiar en China comezou a aplicarse a partir dos anos 70 do século XX. Deixando de lado a polémica dos métodos empregados, cuestión non menor pero que non é obxecto deste apunte, a política do “fillo único”, ao reducir a natalidade nuns 400 millóns de persoas, permitiu aliviar a presión sobre os recursos e o ambiente e facilitar o proceso de desenvolvemento do país.

Segundo os rexistros históricos, China nunca superara os 100 millóns de habitantes antes da dinastía Qing (1644-1911). Na época de maior auxe demográfico, a poboación podía ascender a uns 60 ou 70 millóns de persoas. A mediados da derradeira dinastía chinesa creceu ata os 400 millóns de habitantes, unhas oito veces máis que nos seus primeiros anos. Nese salto influíu tanto a relativa estabilidade política como tamén o desenvolvemento da agricultura e o progreso tecnolóxico.

En 1949, cando se proclamou a República Popular, China contaba con 541 millóns de habitantes. A diminución da mortalidade e, sobre todo, a consigna de “máis xente, máis forza” para construír a nova sociedade, levaron a que poboación pasara de 700 a 800 millóns soamente no período 1964-1969.

A evolución da poboación en China presenta o seguinte perfil: en 1949, a poboación era de 541.670.000 millóns de persoas; en 1957, 646 millóns; en 1965, 725 millóns; en 1975, 920 millóns; en 1979, 971 millóns; en 1981, 996 millóns. Nos 109 anos comprendidos entre 1840 e 1949, a poboación aumentou en 128 millóns e só entre 1949 e 1982, en 460 millóns. Representa, aproximadamente, o 22% da poboación mundial nun país que só conta cunha superficie cultivable do 7%.

Criar fillos para cubrir as necesidades na vellez e a maior número de fillos maior felicidade (“Yang er fang lao yue duo yue hao”): Aquí radica, en boa medida, a concepción tradicional chinesa acerca da procreación familiar. Esta razón de ser determinou que as políticas de control demográfico sempre se atopasen con resistencias importantes, especialmente en tempos en que aínda non se resolveu no campo de modo suficiente o seguro de vellez, -non hai sistema de pensións e a asistencia médica é escasa-.

Na época maoísta, dicíase que: “Maior poboación significa maior fermento de ideas, maior entusiasmo e maior enerxía” (“Ren duo yilun duo reqing gao ganjinda”). Durante o auxe revolucionario, anos cincuenta e sesenta, estimulouse unha política de natalidade que derivou en máis de sete fillos por muller, que se reduciron a seis nos anos previos á adopción da política de “fillo único”. Tamén pesaban as consideracións estratéxicas: A “bomba demográfica” impediría a destrución de China aínda no caso dun ataque nuclear.

O economista Ma Yinchu, en decembro de 1956 e no ano seguinte, publicou dous artigos sostendo que “aínda sendo verdade que unha numerosa poboación constitúe un enorme recurso, tamén é unha carga pesada”. Propuxo entón elaborar un plan para controlar o crecemento demográfico de China. En 1957, nun discurso escrito para a IV Sesión da I Asemblea Popular Nacional indicou que a poboación do país aumentaba a un ritmo demasiado rápido e que se non se tomaban medidas inmediatas, iso inevitablemente “detería o desenvolvemento da tecnoloxía e o progreso da ciencia e carrexaría enormes problemas ao goberno”. A partir dos datos do censo de 1953, o primeiro na historia de China, e dos catro anos seguintes, estimase que a taxa de crecemento anual foi, máis ou menos, do 20 por mil. Ma foi criticado polas súas opinións e deposto da súa condición de reitor da Universidade de Beijing.

Nas postremeiras da Revolución Cultural, xa antes da adopción da política do “fillo único”, se instrumentaron algunhas medidas: estímulo do matrimonio e a procreación tardíos, a concepción do segundo fillo pasados catro anos do primeiro, etc. Non obstante, a poboación de China achegouse aos 1.000 millóns en 1980. Foi nese contexto, e sobre todo condicionados pola preocupación de garantir alimento para tan enorme poboación, que se alentou esta política, que se aplica unicamente nas cidades e en casos excepcionais. O resultado foi notorio: a taxa de procreación baixou do 5,8 nos primeiros anos da década setenta do século pasado ata 1,8 na actualidade.

Hoxe, a política do fillo único aplícase nas cidades de Beijing, Tianjin e Shanghai e nas provincias de Jiangsu e Sichuan. Nas provincias de Hainan, Yunnan, Qinghai e nas rexións autónomas de Ningxia e Xingjiang, a política é de dous fillos por familia no campo, e outras provincias permiten que naza un segundo fillo cando o primeiro é muller. Por outra banda, nas cidades de todo o país, cando o matrimonio está formado por dous fillos únicos poden ter dous fillos (agora mesmo hai certo medo a que se produza un novo pico de crecemento dado que a primeira xeración de fillos únicos está en pleno período de procreación). Un total de 19 provincias permiten ás familias do campo un segundo fillo cando o primeiro é muller. No caso das nacionalidades minoritarias non se aplica a política do fillo único. Non é polo tanto unha política sen matices, amosando unha relativa flexibilidade.

Segundo as estatísticas oficiais, entre as familias, tanto do campo como da cidade, as que teñen un único fillo representan o 35,9% do total nacional. As familias do medio rural con dous fillos representan o 52,9 %. A poboación dos cinco territorios onde os matrimonios poden ter dous fillos sen ningún tipo de condición representa o 9,6%. E no caso das nacionalidades minoritarias, representan o 1,6%. Polo tanto, a política do fillo único, segundo datos oficiais, é aplicada ao 35,9% da poboación.

Nos últimos anos, aprécianse cambios importantes que motivan a apertura do debate sobre o mantemento desta política no futuro inmediato. No transcurso das sesións da Asemblea Popular Nacional, que se clausuraron o pasado 18 de marzo, o máximo responsable da planificación familiar, Zhang Weiqing, dixo que esta política, aplicada durante décadas, non vai cambiar no futuro inmediato –ata 2010-, por temor a que se produza un crecemento excesivo da poboación, co que conleva de presión sobre o desenvolvemento. Nos anos próximos estudarase un axuste desta política co propósito de evitar o estancamento da poboación activa e facer fronte ao número de xubilados que irá en aumento relativamente de presa (55 para as mulleres e 60 para os homes).

Son moitos os especialistas chineses que reclaman un cambio, argumentando non soamente os efectos sicolóxicos da actual política nos individuos (soedade, personalidade egoísta, etc), senón a necesidade de poñer coto a fenómenos como o desequilibrio entre sexos que se iniciou a finais dos anos 80 do século pasado, cando os ultrasóns permitiron a selección e moitas mulleres preferían abortar ao enterarse de que o seu embarazo era dunha nena. Na preferencia dos varóns inflúe a crenza de que só os homes poden transmitir a liña sanguínea, pero tamén o feito de que a muller, unha vez casada, coida dos seus sogros e non aos seus pais, sendo tamén menos valorada como forza de traballo, especialmente no campo. O desequilibrio entre sexos situase en 119V por 100F. Esta cifra é aínda mais alarmante en provincias como Jiangxi, Guangdong, Anhui e Henan, onde a proporción pode chegar a 130:100.

As familias con fillos únicos reciben compensacións e beneficios de diverso tipo. Nos últimos tempos, en parte por mor das críticas internacionais á dureza esgrimida na aplicación desta política (e aínda que os casos de abortos forzados seguen producíndose), a estratexia gobernamental foi evolucionando dunha política de castigo a outra de premios. As familias que non respectan a política, o recurso esencial é a multa, que pode ser dun importe dez veces superior ao salario local per capita, aínda que acostuman a ser máis baixas. Na capital, por exemplo, a renda per capita dos residentes urbanos en 2007 foi de 21.989 iuáns e a multa é duns 100.000 iuáns. Non obstante, dada a elevación do nivel de vida e o cambio no modelo social, danse moitos casos entre celebridades e novos ricos de familias máis numerosas, o que provoca considerable irritación social e orixina conflitos graves en zonas do interior do país, onde ou se agochan os segundos fillos ou se corrompe aos funcionarios para evitar o pago das multas. Recentemente, na provincia de Henan, numerosos militantes do PCCh foron sancionados por incumprir esta política. Hai, en todo caso, unha inmensa población difícil de controlar: os 200 millóns de inmigrantes no propio país que conservando o seu rexistro civil (o hukou) no campo pero vivindo nas cidades vense dispensados da política do fillo único.

Os premios por respectar a política de planificación familiar son económicos, pero tamén inclúen algúns estímulos de promoción profesional ou de acceso a vivendas e outros servizos. As recompensas poden oscilar entre os 2.000 e os 4.000 iuáns, ademais de contías fixas de complemento da pensión unha vez se xubilen. Os fondos proveñen dos gobernos central e local con contías que varían segundo a rexión sexa do Oeste, Centro ou Leste. A proporción da aportación do goberno central varía entre o 80% e o 20%, sendo maior nas zonas menos desenvolvidas (o Oeste e Centro do país).

Como consecuencia do desenvolvemento económico, agroma outra forma de pensar, especialmente no medio urbano. A preocupación polo benestar e o desenvolvemento persoal e profesional está a facer proliferar os casos de familias de dobre ingreso pero sen nenos. En Shenzhen, segundo un estudo da Academia de Ciencias Sociais, nese caso se atopa xa un 10 por cento das familias. Outro tanto pasa en cidades como Beijing ou Shanghai, onde a concepción da calidade de vida exclúe a descendencia. Nalgunhas destas municipalidades xa están en estudo os estímulos contrarios, para facilitar que se teñen fillos. O cambio de tendencia xa comezou.


(Nota do administrador do blog:

¿Podería G exportar a China o seu know-how no control da natalidade? A non-política g é a máis eficiente do planeta. Ten maior éxito práctico que a política intervencionista chinesa? É cousa de pensar.)

G gaña a Taiwán

Le taux de fertilité le plus bas du monde : TAIWÁN

(Con perdón de G, que –anque pareza incrible- aínda a ten máis baixa.
Pero G segue ao seu, “ailalelo, ailalelo”)

Vendredi 29 février 2008



Taiwan a gagné l’année dernière la distinction peu enviable d’être le pays du monde où le taux de fertilité – 1,1 enfant par femme en âge de Procréer – est le plus bas du monde, a rappelé hier le ministre de l’Intérieur, Lee Yi-yang, en présentant le Livre blanc préparé par le Cabinet pour redresser la barre.

Si rien n’est fait pour modifier la situation actuelle, en 2026, 20% de la population insulaire aura plus de 65 ans, ont calculé les experts du ministère qui avertissent du poids considérable qu’auraient ces inactifs sur la société dans son ensemble.

L’objectif que se fixent les pouvoirs publics est d’inciter les Taiwanais à faire plus d’enfants, et le Livre blanc donne comme cible un taux de fertilité équivalent à celui enregistré en moyenne dans les pays de l’OCDE, soit 1,6 enfant par femme, d’ici 2015.

Pour y parvenir, le Cabinet a préparé un train de 125 mesures, dont une allocation maternité de 5 000 dollars taiwanais pour le premier enfant, de 3 000 dollars pour un second et de 2 000 dollars pour un troisième.

Dès septembre 2009, la scolarisation en maternelle pour les enfants de 5 ans (la scolarité obligatoire gratuite ne démarre qu’à l’âge de 6 ans) donnera également droit à une subvention pour les familles dont les revenus sont inférieurs à 800 000 dollars. La subvention pourra aller jusqu’à 60 000 dollars, en fonction des revenus du foyer et du nombre d’enfants.

A partir de septembre 2011, cette subvention sera étendue à la tranche de revenus supérieure, en-dessous de 1,1 million de dollars taiwanais, ce qui équivaut à participer au financement de la scolarisation de 93% des enfants de 5 ans pour l’année scolaire en question, soit 18 000 familles.

Par ailleurs, le Livre blanc souligne l’évolution de la structure de la population insulaire sous l’effet des mariages mixtes. Ainsi, entre 1987 et décembre 2007, un peu plus de 399 000 conjoints d’origine étrangère se sont installés à Taiwan, venus pour 66% d’entre eux de Chine. L’année dernière, près de 10% des naissances ont eu lieu dans des copules mixtes.

(Nota do administrador do blog:

“ailalelo” é unha variante do “ailolailo”. En G quere dicir “festa rachada”).